martes, 18 de diciembre de 2012

No se doctor, tengo miedo


Quisiera compartir esta demencia con usted doctor.
Como sabrá, he venido ya por tantos años siempre que despierto con alguna gripe o un profano dolor de cabeza -de esos que no vacilan al joderte la mañana-  y usted siempre me ha dado las mismas pastillas en la misma cantidad y como un acto de Dios, el dolor se desvanecía a las dos-tres horas.
Bueno, creo que esta vez se trata de algo más grave, ya que este malestar viene fastidiandome desde hace ya varias semanas. Además sabrá usted que vivo solo, y a mi edad es difícil encontrar a alguien que espere compartir tiempo con un viejo.
No sé que sea doctor, yo intento llamarlo demencia. Aunque sé que no, me gusta imaginar que es mi edad y una razón biológica lo que me hace padecer de estos síntomas que no le dan espacio al sueño. Cada día duermo menos y de día me cuesta prestar atención a lo que hago, con lo que he dejado de escribir y leer, y últimamente a falta de hambre me he pasado las comidas, y a falta de fe, mis oraciones.
No, no me he automedicado. Como ya le dije, al primer síntoma de malestar acudía a usted, además no sabría que tomar por no saber de qué padezco. Aunque tengo mis sospechas doctor, tengo miedo de enfrentarlas. He escuchado hablar de varias historias de personas con los mismos síntomas, y de como poco a poco estos se vuelven más fuertes y más frecuentes hasta que terminan por consumir a la persona.
¿De qué sospecho? Ya sabe doctor, una que otra mariposa en el estomago, que a final de cuentas podía ser cualquier cosa; la cena de anteanoche o un simple mareo. Pero que tarde o temprano uno no tarda en vomitar y darse cuenta de que se ha enamorado.
La verdad doctor, yo era de los que no creen en el amor, jamás lo fui. Pero después de ver los síntomas tan a flor de piel, no tuve más remedio que acudir a usted. He escuchado que mi problema se puede tratar con una detección temprana.
Pero no sé doctor, tengo miedo.
No vaya a ser que sea muy tarde y me vaya yo a morir de amor.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Para qué la boca?


Para qué besarnos con la boca
y murmurar apenas el recuerdo

Por qué no mejor besarnos con los codos,
y decirte linda con las manos.

Olvidarnos de la boca
para decirte todo en la mirada,
y poder hablar a labios congelados.

Para qué rozar tus labios con el filo de mis dedos,
y no acariciarte las palabras de tu espalda.

Para qué exponerlo todo ante los labios,
y quedar desnudos,
sumisos.

Cegarlo todo con un beso,
y abrazarte con la boca y con los dientes.

Interpolar tu mundo con el mío entre los labios,
y arrancarte las palabras


¿Para qué?

martes, 4 de septiembre de 2012

Poema de un cigarro


Y veo tu respiración en un lento exhalar de humo cansado,
en una bocanada cálida de aire que lentamente se dispersa y se concentra en este cuarto cada vez más pequeño y espeso, y yo cada vez más cerca.

Del tiempo no sabemos nada.
Una mera corazonada me quiere hacer pensar que el tiempo es un momento en tu infinito, 
un momento de este cuarto, de este humo. Un momento de ti.

Me da por mirarte de nuevo,
aunque cada vez es más difícil penetrar con la mirada en este ambiente ya translucido.
Por lo tanto jugamos con nuestras sombras, jugamos a tocarlas y amarrarlas, jugamos a escondernos en ellas.

Apenas podemos respirar,
somos las sombras de este cuarto,
somos dueños de este humo que nos con consume y nos envuelve.

Y de nuevo intento mirarte y acariciarte la voz. 
cuando de repente ya no hay cuarto, ni sombras, ni humo, 

estamos solos, tú y yo,
y esta tarde de fina briza de septiembre.






lunes, 3 de septiembre de 2012

Rompeolas

Naufragar de esta corriente,
de este mar que no abandono.
Dejarlo todo y naufragar.

De tu mar de terciopelo y sus cálidas mareas,
naufragar.
Como lastre al agua.

Dejarse ahogar en tu tormenta
y romper las olas de la última estampida.

Perderme poco a poco en tu horizonte,
dónde lejos, 
allá lejos
sea un naufragio silencioso,

capitán ahogándose sin su navío.

martes, 21 de agosto de 2012

Ayer

Desperté quemado en el último año del calendario.
Fragilidad a venas abiertas.
Me resguardé debajo de mil soles,
y enfrenté cadena perpetua por el pecado original.

Hombre libre de cadenas, tan esclavo de su propia libertad.
Acechado,
lobo de si mismo.

Desperté en el último silencio,
en el último suspiro.
Avalanchas torrenciales cargadas de las últimas palabras,
y yo apenas despertando.

Mis ojos vendidos y vendados,
censurados de sentir.
De mirar.

Perdimos nuestros sueños,
nos volvimos pretensión de vida.
Una inercia manipulada.

Hoy ya tan lejos de ayer,
canto como loco,
y camino como loco.
y hablo solo como loco.

Y muy dentro de mi poca lucidez,
aún me doy un tiempo para sonreír.





domingo, 12 de agosto de 2012

Déjame a la suerte


Apenas descifro tu conversación sinuosa,
me pierdo entre un desfile de sombras.
Entre la forma de ti .

Abrígame.
Déjame romperlo todo.
Déjame tocarte el fuego y arder mis manos.

Arráncame esta fiebre.
Déjame ahogarme de ti.
Llévame lejos dónde la aurora no te toque.

Choca tus manos con las mías.
Déjalas que sangren,
sin curarlas alíviame.

Desaparece.
Déjame buscarte hasta perderme donde estemos juntos,
y olvídame.
Lleva mis cenizas contigo.

Vamos al final donde nadie tiene tacto.
Donde nadie vuelve.

Rómpeme el silencio con tu boca,
no me dejes respirar porque me muero.

Sofocame en tus brazos y en tus piernas,
que solo respire de ti.
Vísteme de espinas de tus rosas,
y abrázame contigo.

Acaríciame los ojos mientras huyes.
Solo déjame mirarte una vez más,
y déjame a la suerte

a la nada.