Entra fugaz al zaguán sombrío,
estela de luz fragmentada por el agua.
vivaz,
serena,
Se disipan las voces al silencio,
miradas como bisturí atraviesan la sala
y la recorren de pies a cabeza,
como queriendo quedarse un pedacito de su tiempo.
Haciendo caso omiso,
ella camina despacio.
Se pasea por el pasillo y por la mirada ingenua de los ahí presentes.
De los que miran y suspiran,
y se preguntan ¿quién es esta mujer de pelo negro y mirada tajante?
¿Quién es?
No saben quién es,
y sin embargo es ya tan de ellos y tan de todos,
que no apartan la mirada.
No quieren perderse un segundo de esta suntuosa inquietud,
de esta incertidumbre que los ata de marionetas a las cuerdas de la extraña de ojos callados.
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