en una bocanada cálida de aire que lentamente se dispersa y se concentra en este cuarto cada vez más pequeño y espeso, y yo cada vez más cerca.
Del tiempo no sabemos nada.
Una mera corazonada me quiere hacer pensar que el tiempo es un momento en tu infinito,
un momento de este cuarto, de este humo. Un momento de ti.
Me da por mirarte de nuevo,
aunque cada vez es más difícil penetrar con la mirada en este ambiente ya translucido.
Por lo tanto jugamos con nuestras sombras, jugamos a tocarlas y amarrarlas, jugamos a escondernos en ellas.
Apenas podemos respirar,
somos las sombras de este cuarto,
somos dueños de este humo que nos con consume y nos envuelve.
Y de nuevo intento mirarte y acariciarte la voz.
cuando de repente ya no hay cuarto, ni sombras, ni humo,
estamos solos, tú y yo,
y esta tarde de fina briza de septiembre.